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Mirándome con ojos de amor

¡Mirándome con ojos de amor!

El otro día conversando con mi amigo Guillermo sobre diversos temas transcendentales, me refutaba que los seres humanos NO nos queremos. Que llegar a quererse a uno mismo es una tarea muy difícil de lograr, debido a muchos factores; entre ellos, el hecho de que siempre tengamos dudas de nosotros mismos y aunque creemos que nos amamos; muchas veces salen cosas que nos bajonean y la confianza y el amor que nos tenemos, se vienen abajo.

En eso me preguntó: ¿Edgar, tú te amas a ti mismo? Quizás pensó que mi respuesta sería un “Si”; sin embargo, mi respuesta fue: ¡Estoy aprendiendo a hacerlo! 

La pregunta del caso sería: ¿Por qué es tan difícil amarse a uno mismo?

Quizás sean muchas las razones: falta de seguridad, falta de confianza, muchas condiciones impuestas, programaciones adquiridas por nuestros padres, familiares, profesores, circulo social, sociedad, redes sociales, etc.

En ese momento tuve una revelación muy fuerte. Recordé una anécdota que tuve con mi madre. Me vino a la memoria los meses que pasé con ella en Lima, Perú; antes de que falleciera (lo cual me emocionó y me hizo soltar unas cuantas lágrimas, mientras conversaba con Guillermo, contándole lo sucedido).

¿Qué sucedió?: En ese tiempo, una noche, me encontraba conversando con mi madre y en eso fijo mi mirada en su rostro dulce y alegre, diciéndole y exclamando, con deleite: ¡Madre! ¡¡¡¡Qué hermosa que eres!!! ¡Eres la más bella de las mujeres!

A lo que ella respondió: ¡No te burles! ¿A mis 92 años, cómo puedo ser hermosa? quizás cuando era joven.

A lo que repliqué: ¡Madre! Te digo la verdad, YO te veo hermosísima, la más linda y bella de todas. Es que, en realidad, no estaba mintiendo, así es como veía y percibía a mi madre: ¡Bella!

¿La razón? La veía con ojos de amor.  Nadie me puede quitar lo que yo veía y percibía, en ese momento. Nadie me puede decir lo contrario, pues YO veía a mi madre muy hermosa; sin embargo, ella no se veía así y no me lo creía. Por más que argumenté y traté de convencerla de que era hermosa y yo la veía de esa manera. En ese momento, no logré mi objetivo.

¿Por qué? Quizás ella seguía sus propias limitaciones, programaciones y probablemente el sentido de la belleza física que había adquirido durante su vida, en su época.

Ahora, yo te pregunto: ¿Alguna vez en el pasado, te has enamorado de alguien (hombre o mujer, según el caso) y veías a esa persona hermoso/a? Sin embargo, tus amistades y/o familiares pensaban lo contrario y se preguntaban: ¿Qué pudiste haber visto tú en esa persona?

Lo que sucede es muy simple. En ese momento histórico, mirabas a esa persona, con ojos de amor. Estabas enamorado. Cuando miras a una persona, con ojos de amor. Siempre la ves bella.

La otra pregunta sería: ¿Cómo mirarse o mirar a alguien con los ojos del amor?

¡Practiquemos! Tratemos de mirarnos en el espejo, al desnudo, así con todos nuestros defectos e imperfecciones. Hagámoslo por unos segundos; luego, traigamos a nuestra mente, el sentimiento del amor.

Esto se pudiera obtener, ya sea pensando en la persona que más amemos en ese momento determinado, pensando en nuestra mascota querida (si la tenemos y/o tuvimos), o trayendo a nuestra mente algo hermoso que nos hizo muy feliz en algún momento de nuestra vida.

Posteriormente, cuando tengamos esa sensación del amor en nuestro ser. Inmediatamente, volvamos a mirarnos al espejo. ¿Notas la diferencia? ¿Te das cuenta de lo diferente que te percibes a ti mismo, cuando te miras con los ojos del amor?

Este ejercicio debemos realizarlo todo el tiempo, especialmente, cuando nos sintamos bajoneados, rendidos, menospreciados, con la sensación de que no podemos. Veámonos con los ojos del amor y notemos la diferencia.

Esta anécdota me hizo tomar consciencia de que quizás, nuestro mayor aprendizaje de vida, en este mundo/planeta sea el de aprender y/o recordar amarnos a nosotros mismos.

 Aprender y/o recordar amarme a mí mismo. 

 

¿Qué opinas al respecto? Espero tus comentarios.