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¿Los virus son como nos han contado?

Stephan LankaEl Dr. Stefan Lanka es un biólogo molecular alemán que se doctoró en 1989 con una tesis sobre infestaciones de virus en algas marinas. En ella tuvo que aislar completamente los virus de todo componente, orgánico o no, presente en las muestras, para poder identificarlos y analizarlos con precisión. Basándose en su propio trabajo, el Dr. Lanka propone que los virus en ningún caso son patógenos, y que los virus asociados a enfermedades como el VIH o el sarampión nunca han sido correctamente aislados y, por lo tanto, no existe prueba científica válida con la que se pueda concluir que son los causantes de la enfermedad.

En este vídeo, presentado al Congreso Open Day de la Escuela de Formación Profesional sobre las 5LB con el tema: "los fundamentos. la validez y los límites de los conocimientos médicos-científicos", Lanka ofrece más información al respecto y en el texto que le sigue se describe su proceso judicial, que incluye la sentencia del Tribunal de Apelación de Stuttgart, del 16 de febrero de 2016, favorable a Lanka en la que se dice que: «Consecuentemente la apelación se admite y acepta porque la petición de que se probase la existencia del virus del sarampión mediante ‘una publicación científica’ no ha sido cumplida por el demandante», sentencia ratificada por el Bundesgerichtshof -el más alto tribunal alemán, equivalente a nuestro Tribunal Supremo- con sede en la ciudad de Karlsruhe. Lo que implica que un tribunal de última instancia reconoce que no se ha probado que exista el virus del sarampión en las condiciones que exige el Instituto Robert Koch, la institución que legalmente se encarga en Alemania de avalar la documentación científica en la que se fundamentan las decisiones del Gobierno en materia de salud pública.

Si quieres conocer otras visiones sobre los virus puedes consultar estos artículos: Epidemias: ¿qué es lo que nos infecta?Curso: Buscando la verdad en Medicina y Biodescodificación: las infecciones.

Artículo original en DSalud

La historia que acaba de concluir con una sentencia firme del Tribunal Supremo Federal de Alemania comenzó el 24 de noviembre de 2011 cuando la web de una pequeña editorial -denominada precisamente Klein-klein Verlag, es decir, Pequeña-pequeña Editorial- dedicada a difundir información alternativa sobre salud publicó una nota del virólogo Stefan Lanka en la que éste lanzó un desconcertante desafío: estaba dispuesto a dar 100.000 euros a cualquiera que le dijese dónde se había publicado un solo artículo que demostrase la existencia del virus del sarampión con unas mínimas condiciones de fiabilidad; entre ellas, que determinase su diámetro sin recurrir a modelos o dibujos.

Tres meses después -el 31 de enero de 2012- un estudiante de Medicina de Hamburgo llamado David Bardens enviaría a Lanka por correo postal seis artículos científicos que a su entender cumplían los requisitos del desafío y exigía que se le entregase el dinero prometido. El Dr. Lanka no consideró sin embargo que aquellos artículos cumpliesen las condiciones exigidas por él y así se lo hizo saber al estudiante el día antes de que se cumpliera el plazo que éste le dio para pagarle lo prometido: el 7 de marzo de 2012. Bardens insistió no obstante en que sí había cumplido y el 29 de septiembre de 2013 decidió acudir a los tribunales dando comienzo así a un largo proceso judicial que ha acabado generando unos costes superiores a los de la propia recompensa.

Bardens gana el primer asalto

El juicio contra Lanka empezaría el 10 de abril de 2014 celebrándose la vista en el Tribunal de Distrito de Ravensburg (Landgericht Ravensburg), se prolongaría durante casi un año y acabó condenándose a Stefan Lanka a pagar los 100.000 euros y las costas del procedimiento. Obviamente la sentencia sería difundida y comentada a bombo y platillo por los grandes medios de comunicación con el claro objetivo de ridiculizar a Lanka y, de paso, a todos los que algunos ignorantes indocumentados llaman «antivacunas». En España lo aprovecharon por ejemplo los «escépticos» -en realidad pseudoescépticos ya que se trata de un grupo de individuos que se autoarrogan el derecho a decidir qué es o no científico, qué es o no válido o aceptable, quién es o no creíble y quién debe ser considerado un profesional sensato o un farsante aun cuando la mayoría de ellos no tiene ni formación universitaria ni conocimientos científicos básicos (lea al respecto en nuestra web –www.dsalud.com– el artículo que con el título Fundamentalistas científicos contra el pensamiento crítico apareció en el nº 135). De hecho su máximo exponente, Luis Alfonso Gámez, «líder» de una organización autodenominada El Círculo Escéptico, publicaría en su blog el 17 de marzo de ese año -solo cinco días después del fallo- lo siguiente: «El virus del sarampión le cuesta 100.000 euros a un antivacunas y negacionista del sida» aprovechando así para aludir a la posición crítica del doctor Lanka sobre la existencia del VIH desde 1995 (léalo en http://magonia.com/2015/03/17/virus-sarampion-stefan-lanka/). Gámez, que no perdió la oportunidad de relacionar a Lanka con el Dr. Ryke Gerd Hamer sabiendo que sus habituales seguidores consideran eso algo descalificador-, manipuló además los planteamientos de Lanka diciendo que «la justicia ha condenado a Lanka a pagar a Bardens los 100.000 euros, decisión contra la que el condenado ha anunciado que recurrirá porque según él el sarampión no existe como tal« (el subrayado es nuestro) a sabiendas de que lo que Lanka pone en cuestión no es la existencia de la enfermedad sino que se haya constatado que la provoca un virus que ha sido identificado, aislado, caracterizado y secuenciado su genoma.

El caso es que tras la primera sentencia Bardens se convirtió en una especie de héroe -en algunos medios se llegó a decir que era una mezcla de Till Eulenspiegel (un personaje del folklore alemán que se burla de sus adversarios) y Robin Hood- y durante algún tiempo contestaría en las entrevistas que concedió despreciando los argumentos de Lanka con una sonrisa de satisfacción casi infantil y propugnando abiertamente la vacunación obligatoria. Es más, presumió de que su éxito había dado la vuelta al mundo, que le reconocían hasta en los lugares más remotos y se jactó de que iba a emplear el dinero del premio en nuevos programas de vacunación. Algo que los medios de comunicación propagaron masivamente porque la sentencia coincidió con la aparición de medio millar de casos de sarampión en Berlín y había muerto ya un niño pequeño por esa causa.

Bardens sería entonces desafiado por Christian Anders -un conocido escritor y cantante de rock austríaco- que le ofreció el doble -200.000 euros- si finalmente sus artículos demostraban la existencia del virus… lo que éste rechazaría argumentando que Anders solo quería hacerse publicidad gratis a su costa.

Apelación de lanka: «se han violado derechos fundamentales»

Como ya hemos adelantado, Lanka recurrió la sentencia. Y lo hizo por entender que el juicio no se había desarrollado correctamente ni desde un punto de vista legal ni desde el científico. Y el 27 de abril de 2014 presentó una detallada apelación recordando que su desafío contenía siete condiciones concretas:

1) Debía tratarse de una publicación que por sí misma demostrase lo exigido.

2) La publicación debía describir una investigación propia y no tratarse de comentarios o análisis sobre otras.

3) La publicación debía proceder de la institución que legalmente se encarga en Alemania de avalar la documentación científica en la que se fundamentan las decisiones del Gobierno en materia de salud pública; es decir, del Instituto Robert Koch (RKI por las siglas en alemán de Robert Koch Institut).

4) El artículo aportado debía demostrar la existencia del virus del sarampión.

5) Debía tratarse de una publicación que cumpliera los estándares de toda investigación científica.

6) Entre los datos a incluir -como el aislamiento del virus y la secuenciación de su genoma- debía determinarse con precisión el diámetro del virus del presunto virus del sarampión. Y,

7) Debía aportarse una imagen real del virus, no dibujos o recreaciones gráficas de él.

Pues bien, según Stefan Lanka Bardens no había cumplido ni una sola de sus condiciones. Presentó seis artículos en lugar de uno, la mayoría no describía investigaciones originales sino revisiones o comentarios sobre otras publicaciones, ninguno provenía del Instituto Robert Koch, en ninguno se describía cómo lograr aislar el virus y cuáles son sus características, ninguno cumplía los criterios que se supone deber tener un trabajo para ser considerado científico, ninguno incluía experimentos de control y en ninguno se describe siquiera el diámetro del virus con precisión.

Y de hecho el fallo del tribunal así lo constata aunque tanto Bardens como los defensores de las vacunas hayan optado ahora por alegar que Lanka ha ganado el juicio por cuestiones de forma y no de fondo. Solo que es verdad que el Tribunal Supremo de Alemania detectó tanto errores formales como de procedimiento pero no lo es menos que incluye en su sentencia argumentos de fondo de gran calado que evidencian lo que Lanka ha calificado de «un error que se convirtió en fraude y un fraude que se convirtió en crimen». Es más, se trata de una sentencia que puede poner en duda no ya que el sarampión lo provoque un virus ¡sino que realmente haya enfermedades provocadas por virus!

Analicemos pues las cosas en detalle. Para empezar, el tribunal que emitió la primera sentencia decidió injustificadamente pasar por alto las tres primeras condiciones que había puesto Lanka cuando éstas no eran un capricho sino que se apoyaban en la Ley para la prevención y control de enfermedades infecciosas humanas (Ley de protección de la infección) (IfSG por sus siglas en alemán de Gesetz zur Verhütung und Bekämpfung von Infektionskrankheiten beim Menschen (Infektionsschutzgesetz) promulgada el 20 de julio de 2000 (puede consultar el texto original completo en www.gesetze-im-internet.de/bundesrecht/ifsg/gesamt.pdf) según la cual las investigaciones que fundamentan científicamente las decisiones en materia de salud pública -entre ellas las que permiten establecer el carácter infeccioso de una enfermedad o aportar la base biológica para una vacuna (en este caso, el aislamiento y conocimiento del virus del sarampión) debe llevarlas a cabo el Instituto Robert Koch o, si son anteriores, contar éste con la documentación correspondiente. Y lo cierto es que Banders no aportó un solo artículo procedente de ese instituto. De hecho Lanka explicó durante el procedimiento judicial que precisamente uno de sus objetivos al ofrecer el dinero era determinar si ese organismo que está obligado a disponer de la documentación científica que justifique las políticas públicas de salud tenía o no tenía esas pruebas.

Por si fuera poco el experto que el tribunal designó como perito -el profesor Andreas Podbielski, director del Instituto de Medicina y Microbiología, Virología e Higiene de Rostock- declaró durante el juicio que en Biología no se aplican estrictas reglas científicas sino que se llega a conclusiones ¡mediante decisiones mayoritarias! Y fue apoyándose en tan inaudita afirmación como alegó que si bien ninguno de los artículos presentados por Banders demostraba por sí mismo la existencia del virus del sarampión ¡el conjunto de todos ellos sí lo hacía!

Según Lanka lo que ese «experto» hizo fue seleccionar unas cuantas afirmaciones de esos artículos, manipularlas a conveniencia, añadir algo de su cosecha y presentar el resultado como «prueba» de que los artículos cumplían sus exigencias. Así que en febrero, mientras se celebraban las sesiones del juicio, Lanka presentó al tribunal un informe en el que refutaba de forma detallada lo dicho por ese perito en el que incluyó nueve preguntas sobre lo que éste había aseverado pidiendo al tribunal poder exponerlas ¡sin que éste le permitiera hacerlo! Alegando para ello el tribunal que habían pasado sus preguntas a Podbielski para que respondiera… lo que luego se demostró ser falso.

Otra de las cuestiones clave de este proceso judicial es la aceptación de que los virus no poseen ribosomas; de hecho así lo reconoció el propio Podbielski durante el juicio. Y sin embargo el tribunal disponía de una declaración de la Jefa de División del Instituto Robert Koch, la Dra. Annette Mankertz, en la que ésta reconocía que en los virus del sarampión  hay ribosomas. Una contradicción que solo puede explicarse si lo que algunos denominan «virus» no son en realidad sino residuos de material celular.

Cabe añadir [que] Stefan Lanka, basándose en sus propias investigaciones -realizadas en colaboración con profesores suyos y otros científicos-, afirma incluso que jamás ha podido demostrarse que existan virus patógenos. Argumentando que los colegas que así lo piensan confunden residuos de células humanas destruidas con «virus».

Una sentencia que puede cambiar la historia de la medicina

El caso es que tras dos aplazamientos el Tribunal de Apelación de Stuttgart (Oberlandesgericht Stuttgart) revisó finalmente el caso y el 16 de febrero de 2016 dictó una sentencia favorable a Lanka: «Consecuentemente la apelación se admite y acepta porque la petición de que se probase la existencia del virus del sarampión mediante ‘una publicación científica’ no ha sido cumplida por el demandante» (tiene el texto íntegro de la sentencia en http://lrbw.juris.de/cgi-bin/laender_rechtsprechung/document.py?Gericht=bw&GerichtAuswahl=Oberlandesgerichte&Art=en&sid=46bf3db2df690aba6e4874acafaf45b6&nr=20705&pos=0&anz=1).

Bardens encajaría tan mal el golpe que acusó a Lanka de manipular a los medios de comunicación y a grupos «antivacunas» de amenazas anunciando solemnemente que acudiría al Tribunal Supremo para lo cual estaba ya reuniendo fondos procedentes de «donaciones privadas» y de Médicos sin Fronteras.

Y efectivamente, el caso terminó en el Bundesgerichtshof -el más alto tribunal alemán, equivalente a nuestro Tribunal Supremo- con sede en la ciudad de Karlsruhe. Solo que desgraciadamente para Bardens ésta ha dado de nuevo la razón al Dr. Stefan Lanka. Sentencia histórica que abre la puerta a un replanteamiento radical no ya sobre la vacuna del sarampión sino sobre una de las bases fundamentales de la medicina «moderna»: las vacunas.

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